Tras meses de una convivencia ininterrumpida entre padres e hijos debido a la cuarentena, cabe preguntarse cómo se sentirán los niños cuando sea factible regresar a las escuelas en el contexto de la nueva normalidad y es altamente recomendable ayudarlos a prepararse para afrontarlo, afirmó el Director Nacional de Psicología de la Universidad del Valle de México, Dr. Raymundo Calderón.

Regresar a la nueva normalidad implica tomar medidas emocionales para enfrentar una realidad distinta y adaptarse a ella. Por eso, antes de que los niños hagan preguntas tales como, ¿ya no te voy a ver?, ¿ya no vamos a jugar diario?, ¿no vas a estar pendiente de mis tareas?, los padres deben provocar conversaciones que les den tranquilidad y certeza sobre la permanencia del cariño y la cercanía hacia ellos, independientemente de que los miembros de la familia retomen tareas en el exterior conforme aumenten las condiciones de seguridad y se reabran los sectores a actividades presenciales.

Añadió que los padres pueden generar emociones positivas en los hijos, explicándoles que el regreso a la nueva normalidad no implica que disminuya el sentimiento de apego hacia ellos. “Porque seguramente la convivencia cotidiana cambiará, es primordial sostener diálogos con los hijos para aclarar dudas y ayudar en la canalización correcta de las emociones”, dijo el Dr. Calderón.

Para esta tarea, agregó el especialista, es de vital importancia que los padres actúen con inteligencia emocional. Esta última es una habilidad intelectual que permite ser sensible a las emociones propias y de los demás y favorece un adecuado control de las mismas, lo que no significa reprimirlas, sino canalizarlas, es decir, darles una conducción productiva que ayude a tomar decisiones.

Entre los elementos que los padres de familia pueden utilizar para compensar un poco esta posible sensación de pérdida que el niño tendrá en función de la nueva convivencia, están las ventajas que representa el regreso y es recomendable enfatizarlas cuando los padres tengan este diálogo con sus hijos.

“Por ejemplo, la posibilidad de volver a jugar con sus amiguitos, de volver a tener actividades en la escuela, de hacer actividades que pueden ser del gusto de los niños en el colegio, en el jardín de niños correr, brincar, formar parte de equipos”, relató el Dr. Calderón.

Añadió que una de las peores herencias emocionales que los padres pueden dejar a sus hijos, es el miedo, y hay que tener cuidado con ello. El afán excesivo de protección es provocado por el miedo de los propios padres a sufrir y esto se convierte en una situación que obstaculiza el proceso de desarrollo de los hijos. Al paso de los años se convierte en un lastre para las personas adultas porque no se les permitió desarrollar todo su potencial.

Otro aspecto relevante a considerar ante los cambios que vienen, abundó el Director Nacional de Psicología de la Universidad del Valle de México, es que para las personas en general puede existir una representación emocional negativa del confinamiento y, en ese sentido, su testimonio en casa puede provocar muy altas expectativas del regreso a la nueva normalidad y esto puede hacer suponer que todo estará mejor por el simple hecho de terminar con el encierro forzado.

“Cuando la representación es negativa, es posible que se convierta en una especie de oasis en el desierto regresar a esta nueva normalidad con la intención de que lo que está sucediendo en el confinamiento desaparezca”.

“Pero, lo cierto es que, así como tuvimos que adaptarnos al resguardo, debemos prepararnos en familia, desde la inteligencia, para este regreso. No confiemos en los resultados mágicos, la nueva normalidad implica una nueva forma de relacionarnos con el entorno, no será igual que antes. Sería muy inteligente mantener una actitud permanente de adaptación a circunstancias que seguramente no estarán bajo nuestro control”, concluyó.

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